LA CUCA FIC 2016

Recordando el FIC 2016 […]

Mon Laferte en la Alhóndiga de Granaditas.

Fotografías: Manu Tovar

Torneo de canicas

Te contaré una historia.

Cuando iba en primaria (3ro ó 4to grado sería) tuvimos una clase de educación física distinta a las que comúnmente dan. El profesor decidió que jugaríamos canicas. Nos dividió por grupos. Me gustaba jugar a las canicas; pasaba horas en el campo terregoso, pero, siendo honestos, era pésimo. Así que no sé de qué manera vencí a todos (había compañeros excelentes que atinaban a tres metros de distancia y dejaban la esférica luz girando, llenando la boca de Galileo de razón porque eppur si muove). El profesor me dijo “Felicidades, Ríos, irás a representar a la escuela en el torneo regional de canicas”.

Ahí me tienes al día siguiente en el transporte escolar (léase: la camioneta de una maestra) con mi lunch financiado por el comité de familia. Estaba nervioso, acariciaba a mi tiro traslúcido y rojo, ojo de conejo, y le susurraba que no dejaría que lo destrozaran. Fue en una deportiva e hicieron un evento que incluía honores a la bandera. Estábamos todos los seleccionados presentando la seriedad que podíamos a la bandera: inmóviles en la movilidad de las rascadas, de la limpia de nariz, de la comezón. Había desde las competidoras del resorte hasta los del trompo; pasando por nosotros, los de las canicas; los de baloncesto y las de voleibol. Las chicas de volley eran las más lindas. Venían de escuelas de paga y no se ensuciaban las manos con la crema ni a sus sándwiches se les pegaba el papel y era como si hubieran nacido con la nariz limpia. Yo, en ese entonces, era muy tímido y además muy gordo; tenía quien prestara atención en mí, pero ninguna me gustaba. Mi fijación, desde entonces, era por la chica imperiosa, pura de sangre, la niña de piernas romanas que volaban en el juego.

El concurso se dividió en 4 partes. Salí vencedor de las 2 primeras porque mis compañeros se liquidaban entre sí, me dejaban para el final. Era el de la peor técnica: ninguna amenaza para ellos. No contaban con que el último, el que me quería exterminar, se apresuraría y perdería por una regla que dice “si le pegas al contrario y pasas la línea, mueres”. Su canica murió desterrada, mientras mi querido ojo de conejo seguía rodando invencible por el roce, con una fortaleza que no le conocía. En la siguiente parte del torneo ocurrió casi lo mismo, excepto que esa vez ojo de conejo fue el que golpeó a la otra canica y la sacó del terreno. Para la tercera parte quedé perdonando por ser un invicto definitivo: pase directo a la final. Ese lapso en el que transcurrió el conflicto de la 3era parte, lo aproveché para ir a ver a las de volley . Esperaba que Claudia (como decía su uniforme; porque tenían uniforme con nombre en sus espaldas) llorara desconsoladamente por una falta injustificable que el arbitro marcara y llegara yo y le diera una paliza por la bajeza y le dijera mi nombre a Claudia con el arbitro a nuestros pies y ella me dijera el suyo y yo lo repitiera miles de veces en la mente y nos enamoráramos y la besara en esos suaves, rosas, redondos labios de niña y no la volviera a ver nunca más y la recordara cada que pasara frente a ese parque. El arbitro era alguien muy justo. Pitó, confirmando el triunfo de Claudia y sus amigas de shorts azul marino. Volví al campo de las canicas.

De vuelta, en la etapa final del torneo, la cosa se repitió: me dejaron al último. Los disparos se los dieron entre ellos . Quedamos solamente dos. Dos gorditos sudorosos con una diáfana piedra entre sus dedos. Previniendo la derrota, oculté a ojo de conejo entre unas hojas: no esperando ganar, sino esperando disminuir el daño del golpe que le fueran a dar. El otro llevaba una canica azul, opaca y tenaz. Apuntó y soltó el dedo. Falló por muy poco. En mi turno, pude entrar al chombo y me hice de cuartas. Cuando alisté a ojo de conejo, brilló y entendí que el brillo de una canica es un guiño. Extendí mi mano, grande, arácnida (era el más alto de la primaria) que colocó a ojo de conejo a escasos centímetros de la canica rival. Hice mi tiro. La otra canica se movió poco por el golpe. Ojo de conejo se veía más rojo, resplandeciente, prepotente, soberbio que nunca. Había ganado. En la camioneta, mis compañeros de la escuela me felicitaron (fui el único de la escuela que trajo medalla de vuelta) y ojo de conejo estaba bien, sin ningún golpe.

Vi por la ventana. Claudia también se iba y no me iba con ella. La recordaría cada que pasara frente a ese parque donde le dediqué mi campeonato de canicas.

 

 

Carlos Almaguer

 

MANUEL Y LA VENTA DE ESOTERISMO COMO FORMA DE VIDA

Luis Fernando Alcántar Romero

 “Vendo esoterismo. Todo lo que es mística para curarse. Esencias, jabones, lociones; preparados y veladoras”,  dice Manuel López Ibarra.

Viste un traje de color negro. Elegante. De semblante tranquilo, me recibe con una sonrisa. Hablamos sobre él y sobre su negocio.

En su puesto “El Trébol” hay venta de amuletos, amarres, figuras de santos, un cráneo (de la santa muerte), imágenes, polvos y veladoras. Parece un remolino de colores y creencias. Se dedica al oficio que aprendió por parte de su madre.

Estoy en un laberinto de forma cuadrada. Camino en el Mercado Aldama de León, Guanajuato. Es mediodía, hace calor y se filtran unos rayos de sol por unas rendijas de la azotea.

Escucho voces, y veo a personas que me invitan a comprar. Amabilidad, cortesía y sonrisas aderezan mi travesía. Un mercado es como un organismo vivo.

Sus circulaciones (pasillos) palpitan y vibran con vida propia. Se esfuman veloces. Casi a toda hora pasan trabajadores que llevan carritos. Para transportar la vida que se mueve a ratos de forma vertiginosa aquí adentro.

Desaparecen. Destaca un local que ofrece recetas para la “felicidad y otras cosas”. Estárodeado de muchas figuras y símbolos de tintes religiosos.

“En este negocio la gente vende de todo. El esoterismo es una cultura. Así somos nosotros los mexicanos.  Porque se relaciona con la religión. Lo he observado, lo he aprendido. Como los cubanos, que tienen su religión, y la mezclan con sus costumbres y su cultura.

A pesar de que la gente aquí en León es bien católica.  Recatada y de principios.  De todos modos vienen hacia este tipo de cosas.

Si tienen a una persona que les daña,  les preparo ‘cositas’. Para que te hagan una barrera.

Nomás lo que es salir adelante. Cosas cochinas, malas, no hago”, cuenta Manuel, cuya mirada es fija pero transmite cierta armonía.

Su rutina es de horario corrido. Abre su local desde las 10 de la mañana. Entresemana, cierra  a las 8:30 de la noche. Los domingos a las 4:00 o 5:00 de la tarde.

“Viene gente de todo tipo. Aprendes porque te platican. Sus cosas, sus problemas.  Lo

llegas a palpar. Luego, te enseñas a cómo ayudarlos. Nomás se les traba algo y vienen”, comenta.

“Es la creencia de los mexicanos. A pesar de que seamos católicos, nos inclinamos a lo místico”, agrega.

Manuel fue seminarista por 5 años. En ese entonces tenía un complejo.

“Le comentaba al padre que me confesaba (espiritualista) que mi mamá vendía cosas de muertes y esas cosas.

Me dijo que no tenía nada de malo. Después ya superé ese complejo. Porque no sabía que iban a pensar de mí ahí”, relata.

Entre sus pasatiempos: quedarse en su casa y descansar: “Me gusta estar en mi casa, descansando. Me gusta ver algún programa bonito. Leer un libro.

No soy muy aficionado, pero sí leo de repente. Estar con mi novia. Me despejo de todo esto. Es que te cansas. Porque todo el día llegas a escuchar los problemas de las personas. Y lo que quieres es descansar. Estar a gusto. Relajarte. Soy tranquilo”, cuenta.

 

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Fotografías del autor

Luis Fernando Alcántar Romero (León, Gto.; 1987) Estudió Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad de Valle de Atemajac, campus León. Se desempeña en el periodismo. Colaborador en Avenida Digital 3.0, Life & Style y Yaconic.

 

Reseña de La risa de los Imbéciles: Lectura y fragmentos

Alejandro Abracxas

 

Los textos de toda época actúan como fusiles, cadenas perpetuas de cara a la frigidez. Pero no, no es tan fácil. Juro que la bondad me da arcadas. Pero yo seré una institución. Mis errores no escaparán a la reseña malintencionada.

Aleqs Garrigóz, La risa de los imbéciles

Aleqs  Garrigóz es un ser que, como muchos de los grandes poetas, ha entregado sus dolores al gran árbol de la poesía, y formado hermosas poemas y prosas. La risa de los imbéciles, su último libro de prosas poéticas, es un aglutinamiento de artificios en los que destellan la complejidad y la musicalidad. Más allá de eso, se hace evidente es este texto, que el autor es alguien que encabeza la vanguardia en la literatura hispánica actual.
Ante todo el poeta debe ser un genio. En todo aspecto saber de la química verbal, sus medicamentos, dicotomías, esquizofrenias. La psicología de Aleqs en este libro nos lleva de la mano de varias tesis de aparentes simplicidades: “La palabra es un intento miope de decir la verdad”, “El divorcio es pleno como un océano de sangre”: elaboraciones llenas de metáforas oscuras con tintes vacilantes de erotismo, brutalidad, degradación e ironía. Simplemente una obra fantástica, entre corporalidades corrompidas.
Los temas que aborda en su poemario parten de la cotidianidad que se siente penosa al leerla desde estas propuestas desagradables; y sin embargo, sus mismas melodías, su tónica, hacen ver lo sublime de un trabajo obsceno.
Todo esto proyecta una visión sacrílega, mediante una escritura barroca que se queja del mundo, un mecanismo revolucionario cuyas intensidades e intenciones son las de la trasgresión.
Puedo pensar que La risa de los imbéciles, así como toda su obra en general, trascenderá a través del tiempo.
Este escritor mexicano nació en la ciudad de Puerto Vallarta, Jalisco, el 9 de marzo de 1986 bajo el nombre de Alejandro Garrigós Rojas. Contextualizado por lo que los historiadores de la literatura mexicana conocen como Generación de los ochenta, es autor de varios libros de poesía y ha publicado poemas sueltos en una enorme cantidad de medios impresos y digitales en español durante los últimos años.

 

FRAGMENTOS ESCOGIDOS DE “ANTES DE AFEITARME”

1. Nada, nunca, nadie. ¡Qué caspa más extraña en la cabeza del día! ¡Qué convulsión nefanda me sustenta! ¡Cuánta infelicidad con su máscara de cartas marchitas! Esta música flotando en el vacío… se llama eternidad. Yo soy de los que suelen amar los maniquís mecánicos, los cristales insalubres, todo lo que mira al pasado buscando miseria, el mismo cielo ya encajonado y vendido a la prostitución. Yo yazgo con los tractores y me encajo sus palancas con sumo cuidado. Huyo de los íconos dorados, de su sabiduría; planto el pie en la putrefacción, en el arrebato sacrílego del amor, y me doy cuenta de que estoy enfermo con bastante éxito. Yo de niño era tartamudo y mis padres ―quimeras locas― me golpeaban con tubos de metal. Yo siempre he querido vestir mi soledad con la piel de un sapo a punto de reventar.

12. En horizontes deformes y ciegos, abuelas cantarán la absoluta tiranía del macho, su gran oportunidad de ser quemadas vivas, el veredicto que nos condena a prestar oídos al ruido de un motor. Mata. Acribilla la ronda sin razón de las margaritas; que mi libro no es más que circo de pulgas, testimonio de una nueva religión que no quiere ser más que un saco de escoria, un plato de excrecencias, una taza quebrada en la fiesta de las depilaciones.

18. Mi olor te revela mi deseo de estar muerto. El tiempo debería caminar hacia atrás en este cosmos que se alarga en forma de laberinto, manicomio musical escurriendo en la oquedad, donde es preferible ser una piedra.

22. Eyacula en mi oportunidad de volar. ¡Que el cerco de la desdicha se cierre sobre mis pasos! Esta es mi alegría culpable. Odio a Dios. Sólo pido que un hacha cercene el cuello de las vírgenes de este planeta que se destruye a sí mismo en un baile patético y cuyos hongos se multiplican tan magistralmente.

33. Hay una tribulación tan honda en esta secta porque todos quieren tener un columpio durante el Apocalipsis, ser el anfitrión de sus propios jugos gástricos, sufrir aunque sea un poco más. Me fascina tener relaciones sexuales con objetos punzocortantes. Penétrame el estómago con un cuchillo, que mi cuerpo es sólo barro despreciable. Hoy quiero sentir todos los enemas, todas las lobotomías, todas las cirugías innecesarias, todas las extirpaciones de órganos que no pueda pagar.

34. Los erizos y las hienas son mis compañeros, más fieles que la cocaína y la desviación de los instintos. Corre a mi regazo travestido y siente mis rodillas masoquistas al quebrarse. Ojalá el mundo desaparezca mañana. En serio.Y aunque sé que la inversión es ley en mi especie, también sé que a veces hiere más el silencio. Y es mejor callar.

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Garrigóz, Aleqs
La risa de los imbéciles
Nauyaca cartonera
Toluca, 2013
67 p.p

 

Ayotzinapa: luz de un sol radiante.

Digna rabia
Digna rabia

Ya han pasado 6 meses desde que la oscura fuerza que colude narcotráfico y poder político, la misma que mantiene su peligrosa hegemonía en la realidad social de nuestro país, desapareció a los 43 compañeros normalistas. El caso resultó muy sonado gracias al sentimiento de pertenencia, unión e indignación que nos inspira el estado de Guerrero y su historia; unánimes gritamos: basta.

Jueves 26 de Marzo, una fecha que yo esperaba y ansiaba confundida, indecisa pero al mismo tiempo emocionada. Siempre lo dije: si tengo miedo de ir es porque estoy segura de que voy a hacerlo. Ese jueves llegaron a la ciudad de Guanajuato los familiares de los normalistas para hablar sobre su situación ante el pueblo de Guanajuato; para hacer conciencia de que las desapariciones forzadas son algo que no sólo les ha sucedido a ellos, sino que pertenecen a la historia que nuestro país lleva cargando desde hace mucho tiempo. La desaparición forzada se ha vuelto una táctica del gobierno en todas partes del país, y  Guanajuato no es la excepción, a pesar de que el gobernador del estado, Márquez Márquez, se empeñe en negarlo. Muchos conflictos han sido causados por el mal gobierno y por la falta de unión entre los que estamos en desacuerdo con su gestión. Los familiares de los normalistas expresaron opiniones e inconformidades en las distintas ruedas de prensa y se mantuvieron firmes ante la búsqueda implacable por la aparición con vida de sus hijos, argumentando y evidenciando los intentos de la PGR por dar una explicación que resulta fuera de toda lógica.

Yo tuve la oportunidad de acompañar a los familiares en su caravana con dirección a Ayotzinapa. Viajamos por el estado de Guanajuato, bien conocido como un estado mocho, conservador y doble moralista. En él la gran mayoría de la gente es indiferente ante la situación del país, o sólo se preocupa por un rato y después deja de luchar al ver que sus ánimos y sus gritos no son suficientes para mover al país entero. Este país que no procura nada más que intereses personales. Sin embargo, el movimiento de los 43 normalistas ha sido constante y ha generado una unión muy bella y honesta en el estado de Guerrero. El estado ya se había ido aunando, al paso de los años, gracias a la policía comunitaria (desde 1988), al Gremio del Magisterio (conformado por el CNTE, la CETEG y el SUSPEG), al pueblo de Guerrero, y ahora incorpora a los normalistas y los padres de la comunidad estudiantil de las escuelas normales rurales. Un ejemplo para todo el país por su solidaridad y politización.

La información sobre ciertos temas está manipulada en los medios de comunicación y sólo muestra el lado gris de las cosas. Especificamente cuando se habla de la situación en Guerrero, a nuestro gobierno no le conviene mostrar la organización ciudadana que obedece a la policía comunitaria en vez de a la policía federal; no le conviene mostrar una realidad política sin ambiciones de negocios y con un bien común. Los medios y el gobierno enfocan sus esfuerzos en presentar al estado de Guerrero como un foco rojo con el objetivo de tenernos atemorizados; nos amenazan con el miedo para que dejemos de accionar.

Al entrar en la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Brugos” de Ayotzinapa, me di cuenta de la realidad que no se dice, de la armonía y fuerza que se respira en ese lugar, de la calidez de las personas que te reciben y de las actividades que realizan ahí.

Llegando se entregó el acopio solidario y lo primero que vimos fue a los normalistas ensayando una bellísima danza típica con unos penachos muy coloridos que, sin querer, fueron los adecuados para darnos la bienvenida. Después de unos minutos disfrutando su danza, nos familiarizamos con la escuela y con los incidentes, pues, de repente los muchachos que bailaban con mucha entrega se quitaron los penachos y se fueron corriendo hacia la entrada de la escuela. Yo corrí detrás de ellos y me enteré de que la policía había golpeado un camión de compañeros y capturado a la fuerza a dos de ellos. Me contagie de rabia, de indignación, y quise subir al camión con los normalistas. Ellos no me lo permitieron, mostrando así prudencia puesto que yo no tengo el conocimiento necesario para un enfrentamiento; además, mucho ayuda el que no estorba.

Los muchachos causaron daños materiales en las instalaciones policía municipal, pero no lastimaron a nadie, pues los policías que estaban dentro de las instalaciones fueron desalojados con respeto y tranquilidad; en cambio, la manera en la que la policía retuvo a los dos estudiantes fue tan brutal que terminaron heridos. A pesar de la aparente radicalidad de las acciones, yo estoy totalmente de acuerdo con la manera frontal en la que responden el pueblo y la policía comunitaria ante la policía federal y municipal. El pasado 24 de Febrero, en Acapulco, Guerrero, después de reprimir un mitin en el que los maestros exigían a la federación un pago sin retrasos, los policías federales violaron a cuatro maestras sólo porque asumieron que, por ser la “autoridad”, tenían ese derecho. Este tipo de sucesos son los que generan la indignación que pide justicia a gritos (y machetazos y lo que haga falta, si se me permite agregar).

En Guerrero se está planteado algo que yo misma buscaba desde hace mucho tiempo: manifestar a través del arte una verdad que muchos compartimos; utilizar la expresión estética para evidenciar esas cosas terribles que manchan las manos de las figuras más poderosas de nuestro país. Por supuesto que esto al gobierno tampoco le conviene, pero el arte no se puede criminalizar: no se puede tachar de violento a alguien que plasma la historia de lucha al traducirla en explosiones de pintura en las paredes. No se puede decir que alguien empezó la guerra con una canción o una melodía, mucho menos amenazar a un poeta por decir la verdad en versos; por eso en el municipio de Tixtla las tres grandes partes que tienen “el poder social” (el gremio del magisterio, la comunidad de Ayotzinapa y la policía comunitaria) apoyan esta causa, es más, convocan artistas para que se unan a este frente cultural de arte por Ayotzinapa. La temática es totalmente social y política porque eso es lo que buscamos expresar, y lo que buscamos encontrar.

Queremos generar un cambio social y político con el arma más fuerte que tenemos ahora: el arte, el arte que humaniza y que habla con un lenguaje que no se limita a palabras, el arte que se vive día con día y que es bello porque es honesto, el arte que evoluciona y que cambia perspectivas.

La lucha es de todos y por todos, por eso yo estoy convencida de ser parte de este movimiento. Las escuelas normales rurales siempre han sido un foco rojo para el gobierno y es bien sabido que las quieren desaparecer. Fueron fundadas en la década de 1920 como parte del ambicioso proyecto educativo que pretendía transformar la vida de los campesinos a través de la expansión masiva de las escuelas rurales en México. Tuvieron como objetivo principal formar a los maestros que se convertirían en líderes de las comunidades para promover el cambio educativo y cultural desde la escuela rural. Puesto que la política es una de sus ramas más importantes de enseñanza, entiendo que el gobierno haya querido, sistemáticamente, exterminarlas a todas. De las 46 que había quedan sólo 16 y esas 16 batallan permanentemente por recursos, mismos que el gobierno debería proporcionar y que en lugar de eso utiliza para solventar los lujos de los grandes funcionarios públicos.

Los alumnos, maestros y padres han demostrado que hay que luchar con entereza decisión y convicción; que hay que mantenernos unidos y cada vez ser más, porque preocupándonos el uno por el otro vamos a terminar preocupándonos por todos. De ello da pruebas la calidez con la que nos recibieron como visitantes y las facilidades que nos dieron para poder estar ahí: desde el transporte y un lugar donde dormir, hasta el hecho de que contamos siempre con desayuno y comida y nunca nos faltó agua o una taza de café a las 6 de la tarde. El pueblo de Tixtla fue muy hospitalario y los maestros muy asertivos, conscientes y amables, cosa que a nosotros siempre nos dio confianza y nos hizo sentir parte de ellos, parte de su lucha. Y es que finalmente tenemos los mismos enemigos, solo que allá los tienen bien identificados y accionan en su contra, accionan juntos y hablan las cosas: existen Asambleas Nacionales Populares que no terminan hasta llegar a un acuerdo justo para todos.

El municipio de Tixtla, junto con otros en Guerrero, siempre ha sido ejemplo de lucha. Actualmente el 80% de su población es de maestros que quieren educar y fomentar valores; maestros que crecieron viendo a sus padres campesinos luchar por educación para sus hijos; ese es el tipo de ideales que existe generalmente en la escuelas normales rurales, esa búsqueda por mejorar.

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Durante el enfrentamiento en Chilpancingo los normalistas incendiaron una patrulla y las instalaciones de la policía municipal, pero igualmente actuaron con prudencia y respeto hacia los policías que estaban dentro: siempre tuvieron un trato humano hacia ellos. Así, por más incendiaria que haya sido su acción, a mí me conmovió verlos el mismo día en el zócalo de Tixtla, bailando, cantando y abriéndonos los ojos; demostrándonos realmente de qué va su lucha y de qué lado están.

Muchas veces grité consignas por mi país pero ahora me doy cuenta de que es momento de accionar, y si es necesario, reaccionar. Sobre todo es momento de comunicarnos y unirnos, de estar del mismo lado. Ya basta de los abusos de poder. En México se vive una situación muy cruel de pobreza; no es ni ético ni moral que todavía exista esa minoría de gente pudriéndose en dinero, con lujos y vacaciones estrafalarias, mientras muchos más se mueren de hambre. Más de la mitad de la población vive en estado de pobreza, y de esa mitad gran parte vive en pobreza extrema lo que significa condiciones precarias para sobrevivir; sobrevivir apenas ya no es vida.

Sí hay dinero pero está mal repartido, y todos lo sabemos. Es entonces responsabilidad de todos hacer algo al respecto. Con el tiempo sabremos qué es lo que hay que hacer, hablando en términos del país, pero actualmente ya existe ese lugar que está bien organizado, en donde el interés común es generar una estabilidad social, política y económica para el país. Nos están pidiendo ayuda para que el cambio suceda. Más vale responder al llamado y crear una hermandad consciente que lucha por la gente: apoyar ahora mismo de la manera más pacífica y subversiva: el arte.

Este es el himno de Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”. Fue sumamente emotivo escucharlo sonar dentro de la Escuela Normal Rural, después de haber estado un par de días viviendo su realidad y conociendo su pensar.

QUE MI CANTO LLEGUE YA

HASTA EL ULTMO RINCÓN

DE ESTA TIERRA QUE ESTÁ LLENA DE ILUSIÓN

LA NOSTALGIA LLEGA, A MÍ ME DAN GANAS DE LLORAR

PORQUE TÚ EN MI CORAZON SIEMPRE ESTARÁS

TIENES UN JARDÍN DE JUVENTUD

QUE CULTIVAS CON MUCHO FERVOR

APRENDER DE TI TODA TU VIRTUD

TIENES QUE LUCHAR POR SER MEJOR

AYOTZINAPA

ERES LUZ DE UN SOL RADIANTE

LA ESPERANZA DE UN HOGAR

NUNCA HACEN FALTA CANTOS DE AVES QUE NO DUERMEN

UNAS LLEGAN Y OTRAS VAN

AYOTZINAPA

ERES TU GRAN COLORIDO

DE BELLEZA Y TRADICIÓN

AYOTZINAPA

SIEMPRE SIEMPRE TAN SONRIENTE

PERO SABES DEL DOLOR

HOY POR SIEMPRE TÚ SERÁS

LA MAESTRA DEL SABER

PORQUE ENCIERRAS TANTAS COSAS QUE APRENDER

CANTANDO QUIERO SEGUIR

MEJOR CANTANDO ME VOY

SE DESPIDE ESTE HUMILDE TROVADOR

TIENES UN JARDÍN DE JUVENTUD

QUE CULTIVAS CON MUCHO FERVOR

APRENDERN DE TI TODA TU VIRTUD

TIENES QUE LUCHAR POR SER MEJOR

Estas imágenes son prueba de la apuesta por el arte como arma para nuestro futuro.

Texto y Fotografías: Araceli Velázquez

Altar que alimentan los familiares de los 43 desaparecidos en la Escuela Normal Rural en Ayotzinapa.
Altar que alimentan los familiares de los 43 desaparecidos en la Escuela Normal Rural en Ayotzinapa.

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Rueda de prensa en León
Rueda de prensa en León
Graffiti en un costado del zócalo de Tixtla, Guerrero
Graffiti en un costado del zócalo de Tixtla, Guerrero
Taller de teatro en el zócalo de Tixtla, Guerrero.
Taller de teatro en el zócalo de Tixtla, Guerrero.
Fragmento del mural en el auditorio municipal de Tixtla, Guerrero.
Fragmento del mural en el auditorio municipal de Tixtla, Guerrero.
Fragmento del mural en el auditorio municipal de Tixtla, Guerrero.
Fragmento del mural en el auditorio municipal de Tixtla, Guerrero.

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 Estos murales están dentro de la escuela normal, son símbolo de la rebeldía y de su legado histórico.
Estos murales están dentro de la escuela normal, son símbolo de la rebeldía y de su legado histórico.
Algunas de la pinturas de los retratos de los 43 normalistas expuestas en el zócalo de Tixtla.
Algunas de la pinturas de los retratos de los 43 normalistas expuestas en el zócalo de Tixtla.

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Murales en proceso, pintados en el auditorio municipal de Tixtla tomado por el gremio del magisterio.
Murales en proceso, pintados en el auditorio municipal de Tixtla tomado por el gremio del magisterio.

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Mitin en Celaya
Mitin en Celaya