MANUEL Y LA VENTA DE ESOTERISMO COMO FORMA DE VIDA

Luis Fernando Alcántar Romero

 “Vendo esoterismo. Todo lo que es mística para curarse. Esencias, jabones, lociones; preparados y veladoras”,  dice Manuel López Ibarra.

Viste un traje de color negro. Elegante. De semblante tranquilo, me recibe con una sonrisa. Hablamos sobre él y sobre su negocio.

En su puesto “El Trébol” hay venta de amuletos, amarres, figuras de santos, un cráneo (de la santa muerte), imágenes, polvos y veladoras. Parece un remolino de colores y creencias. Se dedica al oficio que aprendió por parte de su madre.

Estoy en un laberinto de forma cuadrada. Camino en el Mercado Aldama de León, Guanajuato. Es mediodía, hace calor y se filtran unos rayos de sol por unas rendijas de la azotea.

Escucho voces, y veo a personas que me invitan a comprar. Amabilidad, cortesía y sonrisas aderezan mi travesía. Un mercado es como un organismo vivo.

Sus circulaciones (pasillos) palpitan y vibran con vida propia. Se esfuman veloces. Casi a toda hora pasan trabajadores que llevan carritos. Para transportar la vida que se mueve a ratos de forma vertiginosa aquí adentro.

Desaparecen. Destaca un local que ofrece recetas para la “felicidad y otras cosas”. Estárodeado de muchas figuras y símbolos de tintes religiosos.

“En este negocio la gente vende de todo. El esoterismo es una cultura. Así somos nosotros los mexicanos.  Porque se relaciona con la religión. Lo he observado, lo he aprendido. Como los cubanos, que tienen su religión, y la mezclan con sus costumbres y su cultura.

A pesar de que la gente aquí en León es bien católica.  Recatada y de principios.  De todos modos vienen hacia este tipo de cosas.

Si tienen a una persona que les daña,  les preparo ‘cositas’. Para que te hagan una barrera.

Nomás lo que es salir adelante. Cosas cochinas, malas, no hago”, cuenta Manuel, cuya mirada es fija pero transmite cierta armonía.

Su rutina es de horario corrido. Abre su local desde las 10 de la mañana. Entresemana, cierra  a las 8:30 de la noche. Los domingos a las 4:00 o 5:00 de la tarde.

“Viene gente de todo tipo. Aprendes porque te platican. Sus cosas, sus problemas.  Lo

llegas a palpar. Luego, te enseñas a cómo ayudarlos. Nomás se les traba algo y vienen”, comenta.

“Es la creencia de los mexicanos. A pesar de que seamos católicos, nos inclinamos a lo místico”, agrega.

Manuel fue seminarista por 5 años. En ese entonces tenía un complejo.

“Le comentaba al padre que me confesaba (espiritualista) que mi mamá vendía cosas de muertes y esas cosas.

Me dijo que no tenía nada de malo. Después ya superé ese complejo. Porque no sabía que iban a pensar de mí ahí”, relata.

Entre sus pasatiempos: quedarse en su casa y descansar: “Me gusta estar en mi casa, descansando. Me gusta ver algún programa bonito. Leer un libro.

No soy muy aficionado, pero sí leo de repente. Estar con mi novia. Me despejo de todo esto. Es que te cansas. Porque todo el día llegas a escuchar los problemas de las personas. Y lo que quieres es descansar. Estar a gusto. Relajarte. Soy tranquilo”, cuenta.

 

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Fotografías del autor

Luis Fernando Alcántar Romero (León, Gto.; 1987) Estudió Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad de Valle de Atemajac, campus León. Se desempeña en el periodismo. Colaborador en Avenida Digital 3.0, Life & Style y Yaconic.

 

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